ESPEJOS DESFIGURADOS

ESPEJOS DESFIGURADOS — Imagen 1

Por Alejandro Szwarcman

Ya no se trata solamente de una actitud inmadura de un adulto de 55 años. No quiero imaginarme el nivel de ansiedad patológica que debe padecer el tipo para verse como se ve en esas ilustraciones de IA que él mismo se fabrica y exhibe en las redes. Basta con observar mínimamente la representación real del sujeto (por demás grotesca)  y compararla con la que él falsifica gracias a la asistencia de una aplicación virtual, para corroborar el grado de alteración geométrica entre la verdad y la fantasía, entre lo material y lo incorpóreo, entre una «aceptable coquetería» y un cuadro malsano.

No es la hermana, ni Adorni quienes le han hecho creer que para amortiguar esos niveles de angustia debe recurrir a semejantes distorsiones de lo real, sino el gran capital que define en cada período «democrático» quién lleva a cabo el saqueo contra los intereses de las mayorías. Necesitaron mantenerlo bien intoxicado con esa droga y ahora, que entre esas mismas mayorías comienza a incubarse un sentimiento de descorazonamiento o de rabia, los medios concentrados no solamente ya piensan en el recambio, sino que para esmerilarlo, de a poco comienzan a exhibir al personaje tal cual es.

Al tipo, más tarde o más temprano le sospecho un final trágico, shakespereano: no resistirá verse al espejo en toda la dimensión de su patética materialidad.

¿Y nosotros?, me pregunto yo. Después de padecerlo todo este espantoso tiempo, ¿podremos mirarnos al espejo?

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