El fuego del capital: Negocio inmobiliario y desprecio por el pueblo.

El fuego del capital: Negocio inmobiliario y desprecio por el pueblo. — Imagen 1

Por Tomás pinto

Hoy la tragedia parece ensañarse con nuestra región. En medio de una sequía sin precedentes pero que con los recursos tecnológicos actuales no sorprende a nadie, el fuego devora los bosques patagónicos en un escenario fantasmal de humo, cenizas y llamas. Viviendas, campos y animales consumidos sin piedad por la negligencia, la desidia, la corrupción,  la ineptitud y la soberbia de funcionarios puestos a dedo en defensa de vaya a saber qué quiosco, negociado o interés político.  Nada nuevo. Años de mal manejo, prohibiciones, vista gorda de ciudadanos VIP que usurpan parcelas de parques para hace barrios exclusivos, conflictos con sectores de pueblos originarios, etc., mientras por otro lado se acumula la indignación por el destrato de la administración contra los viejos pobladores, víctimas de trabas y reglamentaciones propias de una institución que nunca terminó de aterrizar en la democracia y mantiene viejos vicios como si fuera un feudo con reglas propias.

Por otra parte un gobierno provincial que históricamente retaceó recursos, , empezando por los salarios de los brigadistas, desfinanció la Ley de Bosques desarticulando las políticas de prevención y que ante cada quemazón se preocupó más por buscar chivos expiatorios (los mapuches, piromaníacos, o negocios inmobiliarios. Todas versiones que nunca llegan a nada) como si el origen del siniestro justificara la magnitud que alcanza. En el medio se comieron cerca de 7.000 millones de pesos y 650.000 dólares aportados por el Tesoro Nacional mientras el gobernador Torres y las cámaras de comercio y las de prestadores turísticos de la región presionaron para que ruede la cabeza del intendente del parque Los Alerces y junto a los gobernadores patagónicos que se declare la emergencia ígnea a nivel nacional, como si eso tapara sus propios desastresy responsabilidades y nos hiciera olvidar de décadas de negociados que se tragaron los recursos. Los resultados están a la vista, en Chubut se les quemó Puerto Patriada, que es reserva provincial por segunda o tercera vez. Ni los muchachos de Parques ni la banda de Provincia se salvan.

 Pero también están los bosques comunitarios. Los municipales. Pinos implantados en las laderas de los cerros alrededor de las poblaciones que, como en el caso de Esquel, más que como recurso económico o ambiental fueron utilizados para generar clientelismo político con las brigadas de poda y raleo, donde los muchachos cobraban miserias con contratos basura, siempre insuficientes para mantener los bosques limpios y con bajo riesgo de incendio mientras el gobierno municipales y el provincial se tiran la pelota entre ellos acusándose sobre quien no enviaba o se comía los fondos. Más tarde, algún funcionario descubrió que podían limpiar forestaciones privadas a cambio de algún favor o moneda para luego directamente hacer desaparecer las brigadas y armar un quiosco con algún amigo que prestó el servicio (o cobró por el servicio y prácticamente no lo presto nunca) con empresas surgidas entre gallos y media noche. Hoy los trabajos de mantención de los bosques comunitarios son prácticamente inexistentes y el gobierno municipal cajonea sistemáticamente toda propuesta de los vecinos para su manejo racional, generando trabajo, viviendas y optimizar el recurso para los fines comerciales, evitando en forma planificada que surjan viviendas precarias entre los pinos de los que nunca van a poder comprarse un terreno y que a lo largo de la historia los funcionarios han llamado usurpadores. El drama social se entrevera en las laderas con el drama del fuego.

Entonces ya no es solo parques y la provincia. También hay que sumarle los muchachos del gobierno municipal.

Y como si fuera poco, bajo el espanto de las llamas, las brasas y las cenizas subyace una tragedia mucho más profunda que suma temperatura poco a poco pero que aún cuando se apaguen los incendios está destinada a estallar. Es la tragedia cotidiana del país que está a la deriva sin que nadie lo conduzca o cuide, en manos de traidores que lejos de preservar nuestros recursos naturales los entregan mientras la dirigencia política y sindical sigue en la pelea mezquina por la miseria del poder y la marioneta psicótica, el topo, el que vino a destruir el estado, gatea al ritmo de rock en un escenario.

Y ahora sí, el escenario está completo: Clima, Nación, Provincia y Municipio. Todos responsables de nuestra caída en picada que arrastra mucho más que 35.000 hectáreas bosque quemado.

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