Autor Leo Juárez
El debate político en la argentina y en el mundo en términos generales, se hace con las armas del periodismo que usualmente para analizar el cuadro de situación política utiliza las categorías de acontecimiento y ritmo; acontecimiento para inventariar uno a uno, los hechos que la agenda pone como relevantes, sin conexiones ni contexto, y el ritmo para señalar si esos acontecimientos aceleran, desaceleran o provocan un estancamiento de la crisis en curso. Nosotros queremos plantear que estamos en presencia de una crisis que trasciende la coyuntura y el tiempo corto, que tiene muchos planos de análisis, pero que podríamos encerrar en el concepto de una crisis de larga duración de la civilización burguesa.
Si periodizamos de manera sucinta la historia del capitalismo en sus diferentes modelos de acumulación, podemos observar también que cada uno de ellos requirió de un preciso artefacto de dominación que garantice el despliegue histórico del capital. El mercantilismo que lo podemos ubicar cronológicamente entre los siglos XV y XVIII, tenía un artefacto de dominación que eran las monarquías absolutas, hay que tener en cuenta que el elemento principal de su despliegue era la acumulación de metales preciosos, principalmente a partir de la conquista y de balanzas comerciales favorables. El capitalismo industrial, que se desarrolló entre el siglo XVIII y XX, necesito de otro artefacto de dominación que fueron los estados nacionales , es decir que podemos afirmar que la construcción del estado nación fue producto de la revolución industrial inglesa y su nueva división internacional del trabajo que necesitaba de mercados nacionales para la constitución de un mercado mundial , es bueno precisar aquí que el despliegue del capital se daba a partir de la extracción de la plusvalía, y el modelo de expansión fue el imperialismo. La crisis petrolera de 1973 se podría señalar como el punto de partida del denominado proceso de globalización constituido por muchas variables pero que en el terreno económico va a dar lugar al denominado neoliberalismo. La globalización y el neoliberalismo plantean la instauración de un nuevo modelo de acumulación y plantean la crisis del Estado- Nación como artefacto de dominación, los problemas que levantan las crónicas informativas día tras día; criptomonedas, inseguridad, desempleo, narcotráfico, inflación, deuda externa, es parte de la desintegración del estado nación a largo plazo, es decir, no como una política, sino como expresión de una tendencia más larga. Todavía no se vislumbra una forma de reemplazo, pero está claro que la forma actual ya no responde a las necesidades del capital.
24 de marzo de 1976, 24 de marzo del 2026; 50 aniversario del golpe militar y de la reorganización violenta y cruel del capitalismo argentino.
En el año 2026, se cumplen 50 años del golpe militar que inauguro el terrorismo de estado en la argentina, pero también el neoliberalismo, los aniversarios redondos, suelen ser propicios para pasar en limpio los balances con una perspectiva histórica, de más larga duración, tomando un poco de distancia con el acontecimiento en sí. Desde esta mirada podemos afirmar que el Golpe del 24 de marzo fue parte de una Operación Continental de Contrainsurgencia en el marco de la Guerra Fría, en la región que los EE.UU. consideran, desde Monroe hasta Trump su patio trasero. En segundo lugar, en la Argentina, el Golpe tuvo un carácter anticipatorio, casi una contrarrevolución preventiva con carácter de genocidio, y lo hicieron en procura de rescatar el capitalismo argentino de su crisis, la crisis que las luchas le habían puesto al modelo distributivo, que había llegado a conceder el 50% de la renta nacional a los que cobraban salarios y jubilaciones; ese modelo capitalista no funcionaba a pleno, estaba en crisis y “su” solución fue la modificación abrupta de todas las variables económicas empezando por la reducción drástica de los salarios (en pocos meses bajó a cerca del 30% de la renta nacional), la suspensión, modificación o derogación lisa y llana de las leyes laborales , y las regulaciones de cualquier tipo que protegieran al trabajador y el pueblo. Y lo lograron por su fuerza histórica como Estado Nacional Burgués nacido como estado represor desde la conformación del estado moderno argentino.
Podemos afirmar a casi cinco décadas del golpe, que el terrorismo de estado provocó un profundo corte en las formas de sentir y analizar los cambios, y alimentó una manera de pensar la política que se ha caracterizado como “posibilista” dado que nunca osa desafiar la correlación de fuerzas y el Poder Real. El posibilismo más vulgar ha dominado desde 1983 en adelante el pensamiento político de las fuerzas de centro izquierda y de izquierda moderada, y para fines de los ochenta del siglo pasado se profundizo este abismo provocado por la derrota de los denominados “procesos de transición al socialismo”, que modificaron la vieja tercera vía socialdemócrata que dejó de buscar un lugar intermedio entre el socialismo y el capitalismo para comenzar a imaginar un supuesto lugar intermedio entre el capitalismo neoliberal, “salvaje” y “financiarizado” y otro capitalismo nacional, “humano” y “productivo”, intentos vanos de designar un sistema que con su nombre define sin error posible a un modo de producción y dominación que funciona con mano de hierro.
Si la democracia ha tenido ese impacto en el campo político que nos ha traído hasta Milei, en el campo social no solo creció exponencialmente la marginalidad y delincuencia, sino que hay claramente síntomas de descomposición social y anomia. En los grandes conglomerados urbanos no hay ley ni orden del Estado, pero tampoco queda mucho de esa frágil malla de contención social que se articuló en los momentos más críticos; hoy es tierra de narcos de dudosa categoría y de gente rota convertida en zombi después de años de paco y alcohol. La pobreza estructural, que hoy en la argentina está compuesta por lo menos de un 35% de la población; el hecho nuevo es que este tercio de las clases más bajas esta desenganchado de las dinámicas económicas y sociales que rigen en el resto de los estamentos. Es una fractura social, que empezó como un desgarro tras la crisis del 2001-2002, se profundizo como consecuencia de la pandemia y ahora termino en una ruptura, en un quiebre que parece irreparable. En esta crónica de la decadencia argentina, no hay vacío o ausencia de estado, sino manifestaciones de como interviene y con que herramientas, con clientelismo en las poblaciones con necesidades básicas insatisfechas, en las concesiones de la obra pública o en el negocio del narcotráfico, lo hace con policías, jueces y políticos corruptos. Esto expresa de manera ejemplar la larga agonía del capitalismo globalizado en su fase parasitaria, y también porque hay que combatirlo y derrumbarlo.
Milei, oposición cómplice, y aparentes aporías del campo popular
El ascenso a la presidencia de Milei, no significo para la política argentina la emergencia de lo nuevo, sino la expresión de la decadencia y el fracaso de casi 50 años de democracia burguesa y es la responsabilidad de los elencos estables que fungieron como gobierno u oposición , pero que mantuvieron a rajatabla las políticas de ajuste estructural impulsada por el consenso de Washington que estallaron en el 2001, y que merecieron, viento de cola mediante,( la soja casi alcanzo los 700 dólares la tonelada durante el gobierno de Néstor Kirchner), un poco de políticas de ampliación de derechos, producto de la experiencia y las conclusiones que sacaron las clases dominantes de dichos sucesos .
Las principales causas del éxito ultraderechista se ubican en los visibles ámbitos de la degradación económica y la defraudación política. La falsa promesa de un capitalismo de consumo, humanizado, no tiene sustento posible ya que en el largo rio de la historia quedo demostrado que los sectores dominantes no renuncian ni un poquito a sus privilegios de clase.
Masacre social con endeudamiento
El gobierno acordó ante todo con el FMI, el atropello a las conquistas populares, los recortes del déficit fiscal, y la emisión que exige el organismo, para acumular reservas y garantizar los pagos al acreedor, convergen con Milei. Las tijeras que demanda Washington coincide con la motosierra del libertario. El plan de gobierno transito este año por la aprobación legislativa de un reordenamiento neoliberal, muy superior al intentado en el pasado. Ese paquete incluyo el desmantelamiento de aerolíneas, la eliminación de 11 ministerios, la privatización de medios de comunicación, la desregulación de los alquileres, el recorte de las transferencias a las provincias, nuevas rebajas de las jubilaciones, algún reinicio del sistema privado de pensión, una reforma laboral que elimine las indemnizaciones, en bloque (ley ómnibus) o de manera secuencial
Dictadura civil
La alianza con la derecha militarista que se referencian en Victoria Villarruel, nostálgicos de la dictadura y poderosos que aprueban el cimiento represivo del ajuste. El atropello que motoriza el gobierno exige gendarmes, palos, balas y detenidos, su atroz revisionismo provee justificaciones a la criminalización de la protesta social. La política de alianza de Milei incluye esta derecha militarista, al pro de Macri al que erosiona constantemente. así como al radicalismo y a sectores del peronismo vinculado a Picheto y a los gobernadores peronistas, todos estos le garantizan gobernabilidad. De todas maneras, no hay que descartar la participación de los militares en la política interna en caso de conmoción nacional, como lo expresa el decreto 1107, publicado el 18/ 12/ 2024 en el boletín oficial de la República Argentina, lo lleve a una deriva de un autogolpe institucional, que instale un modelo tipo Fujimori en el Perú.
Programa Económico y Alternativa Política
El capitalismo argentino es totalmente dependiente de las decisiones que toman los grandes pulpos transnacionales (Cargill, Monsanto, Continental, Dekalb, Dow, Bunge, Noble, etc.) que están ligados esencialmente al negocio de los granos y los alimentos, que controlan la tecnología, la comercialización y exportación de los 136 millones de toneladas de soja, trigo y maíz que anualmente produce el país. Sumado al total control privado de la hidrovìa del Paraná, garantiza el verdadero negocio capitalista en Argentina, que no dejo de funcionar nunca, ni siquiera en los gobiernos supuestamente progresistas.
Se hace imprescindible poner a la orden del día una nueva discusión sobre la recuperación de los recursos energéticos, la minería, los ferrocarriles, la flota mercante de bandera nacional, como así también el sistema financiero, ejes centrales que hacen a la soberanía del país. Autonomía Energética, Soberanía Alimentaría, Reforma del sistema financiero, son componentes estratégicos de un Programa de Liberación Nacional y Social, que pueda hacer efectiva la democracia política, la democracia social, fundando las bases para el combate por la justicia social, entendida como el cambio en las relaciones de producción y en las formas de propiedad.
El endeudamiento con los organismos internacionales de crédito y la total entrega de los recursos naturales estratégicos está sometiendo nuevamente a la clase obrera a un feroz ajuste. Urge la constitución de movimientos territoriales que den la pelea en la calle, recuperando las más ricas tradiciones de lucha de nuestro pueblo, como “la Patagonia Rebelde” “la Semana Trágica”, “el Cordobazo”, las heroicas jornadas piqueteras de Cutral-co y Plaza Huincul, las luchas de Oran, Tartagal, Libertador Gral. San Martin en los 90, ricos bagajes de nuestra historia de clase. Sin olvidar la experiencia del 2001 que mostro, entre otras dificultades del campo popular, la vacante de una alternativa política de los trabajadores, factor que permitió en gran medida la recomposición de las clases dominantes, en el gobierno y el poder. Todo esto sólo se puede desarrollar si avanzamos en la tarea de construcción de un partido revolucionario en la argentina, que es la deuda que tenemos los revolucionarios en nuestro país, que es nuestro talón de Aquiles y por supuesto una tarea de generaciones que hay que empezar a poner en marcha.
A modo de reflexión final, se observa una relación dialéctica entre un mundo donde se endiosa lo vacío, dónde se congela la historia, con pretensiones de establecernos en un presente perpetuo, sin pasado y lo que es más terrible sin futuro, condenándonos a una existencia monótona y cruel, en estas circunstancias nuestra tarea es luchar por sobrevivir, por organizarnos, partiendo de lo simple a lo complejo, sin dejarnos ganar por la desesperanza que tal vez sea el mayor mal de época; vacío y desesperanza es un sintagma, que aunque obvio, no es menos doloroso, y perturbador.
La incertidumbre es parte constitutiva de la vida, nadie puede dar garantía que nuestros proyectos, los propios y ajenos lleguen a buen puerto, esto es impensable en política, depende en gran medida del despliegue de la lucha de clases, la incertidumbre convive con nosotros. Pero nuestra tarea histórica es dar vuelta la taba, recuperar un sentido de horizonte revolucionario, para que podamos golpear la puerta de la historia con el puño rojo de la revolución, por nosotros, para dotar de un profundo sentido a nuestras vidas, por nuestros camaradas caídos, que han dejado bien alto las banderas, y por nuestros hijos y las nuevas generaciones que vendrán al encuentro de estas ideas y estás prácticas políticas, que sirvan como estímulo y ejemplo.
Como diría el poeta Roberto Santoro:
Sostengo con dos manos la esperanza
porque sé que es el único aliento
que vive a la intemperie
Y no escondo mi palabra
salgo a vivir con el alma descubierta
El corazón que no canta
no ejerce su oficio con altura