Pablo Piris
Mientras varios de los trabajadores de FATE estaban de vacaciones, la mañana del miércoles 18 de febrero, un cartel firmado por la patronal anunciaba el cierre definitivo de la planta al resto de los empleados que iban ese día a iniciar su jornada de trabajo. El cierre implicaba el despido de los 920 trabajadores que allí trabajaban. De esta manera, se iniciaba un conflicto que ya lleva ocho meses. Ese mismo día, con decisión, un grupo de trabajadores decidió cortar el alambrado e ingresar al predio de FATE para ocuparlo y defender con esta acción sus puestos de trabajo. Al grupo inicial se le sumaron varios de sus compañeros, la resistencia comenzaba y también la represión, las fuerzas de seguridad de la provincia de Buenos Aires respondieron a la iniciativa de los trabajadores con balas de goma, pero no pudieron desalojar la planta.
Los inicios
FATE tiene más de ochenta años de historia, la empresa que comenzó innovando en tecnología y rápidamente se destacó por la fabricación de las más modernas calculadoras. Con el tiempo, se dedicó a la fabricación de neumáticos, siendo una de las principales fabricantes del rubro y una importante pieza del sector industrial. La empresa, cuyo dueño es Madanes Quintanilla (también dueño de ALUAR), siempre estuvo asociada los intereses de la burguesía nacional y en su historia hubo varias disputas de clase. Desde su afincamiento en Virreyes Oeste, varias familias de la zona se ubicaron cerca de la fábrica y es así como se construyó un barrio obrero llamado Barrio FATE, esto grafica la importancia de la fábrica en la región. Ya en 1992, hubo un conflicto muy importante. Pero en tiempos más recientes, durante la última década, se sucedieron diferentes conflictos sindicales. Es por eso, que los trabajadores que llevan a cabo la ocupación coinciden en que el anuncio del cierre no se dio de manera inesperada, venía precedido de tensiones entre la patronal, los trabajadores y el sindicato (SUTNA). En 2025, hubo despidos masivos bajo la máscara de “retiros voluntarios” y el SUTNA, encabezado por Alejandro Crespo, había acordado que no habría más despidos, pero tampoco aumentos de sueldo por un año. En febrero de este año, con el anuncio del cierre definitivo, este acuerdo fue roto por la patronal. En este sentido, los trabajadores conocidos inicialmente como “los del techo”, porque allí es donde se instalaron para sostener la ocupación de la fábrica, aseguran que la empresa no atravesaba una crisis que justificara el cierre, caracterizaron la situación como un lock out patronal y concluyeron que la decisión buscaba descargar sobre los trabajadores las consecuencias del nuevo escenario económico. En una pelea interburguesa, el grupo Madanes Quintanilla, ante la medida del gobierno del quite de aranceles a las importaciones de neumáticos, respondió con este anuncio del cierre. Sea como fuere, los perjudicados son quienes mueven el mundo: los trabajadores. Por ello, más allá de ciertas diferencias, tanto desde la patronal como desde el gobierno nacional y provincial, se evidencia la ofensiva contra la clase trabajadora, las condiciones de trabajo y los derechos laborales. Por este motivo el conflicto de FATE no puede interpretarse como un problema interno de la empresa, sino como un conflicto con implicancias para el conjunto del movimiento obrero.
Divergencias de la lucha en una misma causa
Desde las primeras horas de la ocupación de la planta por parte de varios de los trabajadores y luego de la represión policial, comenzaron las primeras muestras de solidaridad. Varias organizaciones, movimientos, partidos, sindicatos y familiares de los trabajadores se acercaron hasta el predio a “bancar” la permanencia. Esta situación se extendió por días, semanas y meses. Hubo festivales, donaciones, recaudación para el fondo de lucha y diversas actividades. Pero también se comenzaron a plantear diferentes soluciones al conflicto. Algunos trabajadores eran partidarios de acelerar la marcha y realizar acciones directas como cortes de rutas o movilizaciones, por su parte el SUTNA prefería derivar el reclamo a la vía judicial. Hubo pocas asambleas, pero en ellas se debatía cómo continuaría el conflicto, se propuso desde la provincialización de la fábrica hasta la posibilidad de que quede bajo el control de los trabajadores. En una entrevista a un medio televisivo, Crespo planteó que si Madanes Quintanilla no se podía hacer cargo de poner en marcha la fábrica que se la venda a otro empresario. Como vemos, las propuestas iban desde las más combativas a las más dialoguistas.
Entre las acciones que sostuvo al SUTNA con una fe casi religiosa en la salida por la vía judicial, la rápida conciliación obligatoria que retrotraería la situación a los días previos al 18 de febrero y que permitiría abrir una instancia de negociación entre la empresa y el sindicato pareció ser un alivio momentáneo. Tanto los trabajadores “del techo” como los delegados del sindicato sabían que la empresa estaba negociando por las espaldas indemnizaciones con varios de los trabajadores. Al cabo de un mes, los trabajadores que llevaban a cabo la permanencia calculaban que alrededor de 600 trabajadores ya habían arreglado su salida de la fábrica, lo que reducía a un tercio el plantel que quedaría efectivo y que seguía resistiendo por la reapertura de FATE. Con el tiempo a favor de la legalidad burguesa comenzaron a surgir ciertos interrogantes: ¿bastaba con exigir la reapertura o era necesario impulsar otras formas de gestión y de reclamos? ¿Qué papel debía asumir el estado, el sindicato y el movimiento obrero en su conjunto?
Estos cuestionamientos y la prolongación del conflicto y la permanencia de la ocupación llevaron a plantearse cuál era la estrategia que debería seguir el SUTNA. Durante los primeros días, la conducción del sindicato acompañó la permanencia y sostuvo el reclamo de la reapertura, junto con la defensa de la totalidad de los puestos de trabajo. Con el correr del tiempo, comenzaron a aparecer importantes diferencias. Entre ellas se reclamaba al SUTNA mayor participación de las bases, mayor cantidad de asambleas generales para tomar decisiones y acciones más directas. Desde la conducción del sindicato, que mantenía sus expectativas en la resolución del conflicto por la vía judicial y las gestiones ministeriales y parlamentarias, se acusó de rupturistas al grupo que le estaba poniendo el cuerpo al conflicto.
Estas diferencias las remarcamos no para hacer chismografía, sino para analizar como movimiento obrero cuáles son las salidas y las actitudes que se adoptan ante un conflicto de esta dimensión. Se toma nota y se analiza, sabiendo que el enemigo común es de clase y es la patronal, el Estado y también los burócratas. También cabe destacar que aún con estos debates internos, había coincidencias en el grueso de los reclamos: no al cierre de FATE y la reincorporación de todos los puestos de trabajo.
La justicia burguesía. Un camino estéril para los trabajadores
Si bien no es nuestra intención hacer una cronología del desarrollo de la vía judicial del conflicto, es claro que mientras un grupo de trabajadores decididos, sus familiares llevaban a cabo la permanencia y defendían con sus cuerpos sus puestos de trabajo; el conflicto excedió los límites de la planta y la disputa pasó a tribunales. La conducción del SUTNA tomó esto como el frente más importante dentro de la pelea sindical. El primer fallo relevante a favor de los trabajadores fue el de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo que ratificó la vigencia del convenio firmado entre FATE y el SUTNA en 2025 y que regiría hasta el 30 de junio de este año. Además ordenó el pago de salarios adeudados a los trabajadores y el pago de las quincenas hasta la resolución del conflicto. Ninguna de las dos decisiones fueron cumplidas hasta el día de hoy por la patronal, ninguno de los que incumplió con los fallos tuvo sanciones. Está claro como se maneja la justicia burguesa con los de su clase, por eso, parece excesiva la confianza en esta vía por parte del SUTNA, aunque es cierto que el falló representó un reconocimiento a la continuidad de las obligaciones patronales. Vencida la primera conciliación obligatoria de carácter nacional, hubo una segunda conciliación que en los mismos términos falló en favor de los trabajadores, pero en este caso fue una instancia provincial.
Sin embargo, en junio hubo un revés para los trabajadores, 24 trabajadores fueron citados a indagatoria en la fiscalía de San Fernando bajo la acusación de “turbación a la propiedad privada”, por haber sostenido la ocupación de la fábrica, la patronal contraatacaba en un intento de criminalizar la protesta, condicionar el desarrollo de la lucha e intimidar a los trabajadores que resistieron todo este tiempo. No lograron ninguno de estos objetivos. La permanencia continua firme, los familiares, activistas y movimientos siguen solidarizándose con la lucha.